La gente que verdaderamente sabe leer manos no se fija en los zurcos…
Cancún, México

La gente que verdaderamente sabe leer manos no se fija en los zurcos que cruzan tus palmas. Tus manos comunican sin hablar, sólo hay que prestar atención, cualquiera puede ser un lector de manos.
Mira cómo al que usa las manos para hablar se le dificulta mentir, las manos son honestas, no mienten. Para mentir con las manos es necesario ser áctor: tienes que recrear la emoción para que las manos lo expresen.
Sabiendo que no pueden mentir, las manos se esconden cuando te cruzas de brazos. También se interponen entre ti y el pavimento cuando te caes, pues uno no tiene consciencia de “meter las manos”, las manos hacen su trabajo y uno se cuelga la medalla cuando salva un accidente o un golpe mal intencionado.
Se colocan sobre tu boca intentando ocultar sorpresa
Se frotan la una contra la otra cuando tienen frío
Se colocan entre el sol y tu rostro en un día muy soleado.
Estrechan la mano de la chica que te gusta,
o a falta de ello, todos tenemos una amiga llamada Manuela.
Las manos son sagradas.
Aquí están las mías. ¿Qué ves?
Viendo mi mano: ¿Soy hombre, mujer, o algo en el espectro?
No es difícil inferir que soy hombre (“pero pudiste haber sido mujer”—sí de acuerdo, pero tu intuición atinó a que soy hombre).
Viendo mi mano: ¿Cuantos años crees que tengo?
Como el rostro, con la edad las manos desarrollan arrugas, salen pelos donde antes no había, y las venas se resaltan. Haz tu prediccíon y luego lee. Tengo casi cuarenta y trés años.
Viendo mi mano: ¿Cual crees que es mi complexión?
Es curioso, las manos a veces no revelan la complexión. En mi caso creo que sí: mi tía me describiría como “está fuerte, hace deporte”. ¿la mano lo revela?
Algunas cosas sólo se pueden interpretar con más contexto. “Y esa pulserita hippie?” me preguntó una amiga que me conoce de años, sin querer (o queriendo) hacer burla sana de una forma de “estar en el mundo”. No creo ser hippie, pero le respondí que compré esa pulsera al terminar el peregrinaje a pie para ver a la Virgen de Guadalupe desde Puebla. Reconsideré mi hippismo.
La lesión es un gran maestro. Gracias Manos.