Hoy pedaleaba de regreso cuando vi a un hombre caminando en dirección contraria a la mía. Lo miré a los ojos, él levantó el brazo y señaló al cielo. Yo le sonreí y asentí con la cabeza. Miré adelante y me agaché para esquivar las ramas de un árbol, luego sentí una felicidad indescriptible.

Lo que sucedió interiormente:

Venía preocupándome acerca de mi futuro próximo. ¿A dónde voy a ir? ¿Qué voy a hacer? ¿Cómo le voy a hacer? Absorto en el pensamiento, mis ojos se encontraron con los de otra persona. Él señaló al cielo, por su gesto entendí “Dios nos cuida”. Yo asentí para indicar la verdad de su gesto. Cuando miré adelante, entendí su intención y me agaché para esquivar las ramas.

De inmediato entendí que ambas interpretaciones son verdaderas: Dios me dará providencia para lo que se viene, y Dios me advierte de los peligros en el camino. Mi única responsabilidad es con el presente. Entonces pude disfrutar de su creación.

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